El señor de los andes

Hoy he empezado a leer un libro que andaba buscando, recomendación de unos antropólogos que conocí en un bus rumbo a Sorata. Ayer lo encontré en un puestecito del mercado Lanza, sito junto a la iglesia de San Francisco. A la noche se lo enseñé a Julieta (una de las cabezas pensantes y cuerpos actuantes del Feminismo Comunitario) y me dijo que el tipo, que no es filósofo sino teólogo, en el fondo lo que intenta con este libro es demostrar que los pueblos indígenas creen en un dios, y que no sale del pensamiento occidental colonialista por mucho que lo intente con su Filosofía andina. Pero en la introduccion el explica que aunque no pertenece a una comunidad ind{igena, ha vivido largo tiempo con ellos -le respondo yo-. Con ellos, con esos otros, ¿lo ves? No puede escapar a la mirada desde afuera, concluye Julieta. Veremos, yo recién empecé y aquí les copio unos fragmentos de su primer capítulo ¿COSMOVISIÓN, MITO, PENSAMIENTO O FILOSOFÍA?, donde expone las diferencias entre la concepción filosófica de Occidente y la posibilidad de otras filosofías que en vez de buscar un método, una racionalidad y una tipificación de lo que es y no es filosofía, intenten modos de concebir las relaciones humanas con el resto de lo real sin exclusiones ni preconceptos, o algo así. Lo que aquí les dejo pretende abrir un debate, que comenten, que amplíen, que me ilustren!

“El “descubrimiento” de la alteridad americana llevó a otra estrategia: El “indio” o bien es declarado subhumano (un animal sin alma), o bien puede convertirse y ser convertido en cristiano (y por lo tanto será “como nosotros”). Tal como dice una expresión conocida de la Conquista: “sólo un indio muerto es un buen indio” –sólo una alteridad negada (conquistada, alienada, asesinada) sirve para el gran proyecto universalista de Occidente. Hoy día, existen formas más “civilizadas” de negación, incorporación y exclusión: Declarar el propio pensamiento como “etnofilosofía”, construir filosofías “anatómicas” (heterogéneas) en culturas no occidentales, occidentalizar a la elite no occidental, “musealizar” (declarar “patrimonio de la humanidad”) y “estetizar” formas autóctonas de concebir el mundo.”

[…]

“Tal como las y los indígenas de Abya Yala [América Latina] sólo podían ser cristianos/as a través de la “circuncisión” occidental, también las y los pensadores/as autóctonos/as tienen que someterse a las “circuncisión” filosófica de la racionalidad occidental moderna. La llamada filosofía latinoamericana merecía durante siglos el título de filosofía sólo gracias al hecho de que era una mímesis más o menos fiel del estándar occidental (ante todo europeo) de la filosofía, un eco (como dijo Hegel) de las corrientes europeas de turno. Cada pensamiento incompatible con la normatividad filosofal occidental, sufrió una de las múltiples formas de negación, exclusión o incorporación.”

Nota de la copista: He decidido dejar de introducir las comillas. Al autor de estos párrafos parecen encantarle, a mí me parecen excesivas cuando hay más de cuatro por línea porque si todo se entrecomilla, ¿todo es relativo, todo es inestable? Parece que tiene miedo de fijar absolutos, ¿no vaya a ser que lo tachen de occidental?

Pero sigamos un poco más, una vez que ha explicado las bases de la filosofía occidental y occidentalizante, pasa a exponer la filosofía en la que cree, basada en el concepto de interculturalidad y nos dice que

“La filosofía intercultural [que sitúa a inicios de los noventa] ha surgido sobre todo en base a dos experiencias fundamentales:

1. La conciencia creciente de la condicionalidad y relatividad cultural (culturo-centrismo) de la tradición dominante de la filosofía occidental.

2. Las tendencias actuales –en sí contradictorias- del proceso acelerado de una globalización y homogenización culturales, a través de una supercultura económica y postmoderna por un lado, y el incremento de conflictos y guerras por razones étnicas y culturales, por otro lado.”

[…]

“Para la filosofía intercultural, también la posmodernidad (a pesar de sus méritos) es una expresión eminentemente occidental, y su crítica es una crítica intra-cultural. Los principios básicos de la filosofía posmoderna reflejan axiomas culturales de Occidente: libertad, individualidad, esteticismo, separación de sujeto-objeto, diferencia e indiferencia. Es cierto que reconstruye otros principios arraigados en la cultura occidental, tal como el sujeto, el cientificismo, la racionalidad instrumental… Pero el punto de partida y la crítica son endógenos: una superación de la modernidad dentro de los parámetros de la misma tradición occidental. Es evidente que la postmodernidad (no solamente la filosófica) es un fenómeno predominantemente occidental, o hablando en términos socioeconómicos, del llamado Primer Mundo o Norte capitalista. Mientras que muchos yuppies y vanguardistas europeos, japoneses y norteamericanos pueden darse el lujo de despedirse de la modernidad y de sus indiscutibles logros (por ejemplo Los Derechos Humanos, la liberación del ser humano del trabajo infrahumano, del seguro social), para la gran mayoría de la población mundial, la realidad cotidiana no es un fenómeno estético de contemplación indiferente, sino el campo de batalla por la supervivencia.”

Josef Estermann, en Filosofía andina. Sabiduría indígena para un mundo nuevo. La Paz: ISEAT, 2009 (la primera edición es de 2006)

Última nota de la copista: ISEAT es el Instituto Superior Ecuménico Andino de Teología.

 

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