La coca, pasado y presente

Hay un artículo de Silvia Rivera que traza la ruta de los movimientos sociales indígenas y establece las conexiones entre aquéllos que iniciaron en la década 1770, con la insurgencia liderada por Tupac Katari y los procesos actuales. Explica cómo el ascenso de Evo está directamente ligado (o más bien sustentado) por el movimiento cocalero. La coca se convierte en el símbolo y en el medio de estas luchas que desembocarán en el triunfo del MAS convirtiendo a Evo en presidente del país. Ocurre que todo este proceso está atravesado por la política internacional (el resurgir desde los 90 de otro tipo de izquierda “internacional”), por los modos de organización indígena, por los planteamientos del mercado y del avance de la idea de soberanía basada en otro modo de hacer política y economía, más acorde con la cosmogonía indígena, o con el taypi, como dice Silvia Rivera, se trataría de una economía del buen hacer y del prestigio, entre el mercado capitalista y la reciprocidad.

Copio ahora algunos párrafos que exploran el complejo mundo de la coca y los tejemanejes derivados de su conversión en cocaína.

Conexiones diacrónicas en la insurgencia cocalera

“Esta vez [años 90] los temas de la insurgencia kataristase reactivaron, con inñeditos matices, en aquellas “zonas de colonización” tan firmemente auspiciadas por el Gobierno boliviano y las agencias de desarrollo de los EE.UU en los sesenta: el trópico de Cochabamba y algunas áreas de expansión de la frontera agrícola en los Yungas de la Paz. En estas zonas, y en particular en lo que genéricamente se conoce como el Chapare, se había dado una vertiginosa expansión de los cultivos de coca en la década de los 80, proceso que duraría hasta mediados de los 90, cuando se intentó imponer el plan “Coca Cero” durante el gobierno de Sánchez de Lozada y Cárdenas (1993-1997). La política imperial de larga data –se la puede rastrear hasta el informe de la Comisión de Estudio de la Hoja de Coca de la ONU (1950)- consistió en eliminar la hoja de coca de todos los mercados legales y forzar la monopolización de su producción, ya sea por los cárteles de la cocaína o por las pocas industrias legales autorizadas en la Convención Única de Estupefacientes de la ONU aprobada en 1961 (compañías farmacéuticas y la Coca Cola). Tenemos entonces una figura de colonialismo externo, que se articula con el colonialismo interno de la represión estatal, la exclusión y discriminación a los indígenas y el estigma de la ilegalidad y el crimen. De otro lado tenemos una lucha que vincula las necesidades del campesinado cocalero con la identidad indígena y con la soberanía de un país y de un estado, avasallados por la política colonial antidrogas.

Veamos esto en perspectiva histórica. La dimensión anticolonial de la luchacocalera se funda, al igual que la de Tupac Katari, en la retoma del control sobre el mercado (regional e interregional) de mercancías indígenas y en la autonomía de gestión de las comunidades sobre este espacio. La diferencia empero, es radical. La insurgencia aimara liderada por Tupac Katari en el siglo XVIII no enfrentó a un imperio tan poderoso y astuto como los cocaleros del siglo XX. Ni éstos pudieron beneficiarse de aquello que benefició en el siglo XVIII una prolongada y exitosa resistencia indígena: el Imperio español ya estaba profundamente socavado por sus propias disensiones internas, mientras que el consenso antidrogas que une a EEUU con el resto del mundo desarrollado y con las élites de los países productores es un frente común casi sin fisuras, que tiene las aureola de la postura “moral” en contra de un supuesto enemigo común de la humanidad, aunque en la práctica contribuya a su expansión y consolidación.

[…]

En los años 80, la expansión de la demanda de estimulantes ilegales y la participación estatal directa o indirecta en la organización de su tráfico hacia el norte sentaron las bases para un duradero boom de la cocaína (1989-1993), que amplió el área sembrada de 10000 hectáreas en 1975 a 80000 hectáreas en 1990. A partir de la aprobación de la ley 1008 y la masacre de Villa Tunari en 1988, la resistencia cocalera produjo ideas y prácticas políticas de un alcance y una resonancia cada vez más amplios en el conjunto de la sociedad”.

A partir de aquí, Rivera proponer leer el ascenso político del MAS como un “proceso de creciente articulación y convocatoria, a partir de una lucha sectorial del campesinado cocalero, centrada en el Chapare y en menor medida en los Yungas de La Paz, hasta construir una alianza nacional popular de vasto alcance, con presencia muy fuerte en los departamentos andinos (La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba) y notable aún en las regiones adversas del oriente y el sur.”

Terminemos con un testimonio del presente, de boca de Óscar Olivera, dirigente fabril de Cochabamba que fundó las coordinadores del agua y del gas, larga lucha sindicalista, tendedor de puentes entre distintas posturas y anarquista, crítico desencantado de las políticas del gobierno (más bien del concepto de gobierno).

“…yo creo que el responsable es Evo Morales. Su gobierno ha dejado de ser el gobierno de los bolivianos y las bolivianas; es un gobierno de los cocaleros. Además, yo le dije a Morales, hace tres años, que uno de los graves problemas que ya sentíamos en el país era el narcotráfico. Así como le subió la hoja de coca a Morales a la presidencia, así también puede bajarle la hoja de coca, en otros términos. No hay que echarle la culpa al entorno… Yo creo que la fuerza del movimiento social como tal (el del proceso de cambio del MAS) empieza a declinar en 2004 cuando Evo define un proyecto político, cosa legítima, quiere ser presidente, pero transa con la derecha para el referendo por el gas. Es el punto de bifurcación del movimiento social: unos que decidimos mantenernos en la vereda en que siempre habíamos peleado y otros, pasarse de vereda, en este caso Morales y el MAS. Ahí empieza la situación, eso que nosotros no habíamos querido nunca otra vez: que la gente siga pensando en que son los partidos políticos, los caudillos, los que van a solucionar sus problemas; que deje de creer que el verdadero poder está en la capacidad de indignación, de movilización y organización de la gente para cambiar las cosas…

Morales asume la tarea de aglutinar esa fuerza de la población a través de un partido político, legítimamente, pero ahí están las consecuencias…”

(Entrevista a Óscar Olivera en el diario La Razón, domingo 15 de enero de 2011)

Sobre cómo Evo proyecta (¿y utiliza?) esta lucha de la que es líder y cómo se articula su programa en lo que respecta al movimiento cocalero una vez en el poder, escribiremos (copiaremos y pegaremos) otro día.

En un par de horas entrevistaré a Elisa “kaipi” Vega, originaria de la Nación Kallawaya (conocidos por su larguísima tradición médica a base de plantas), enfermera de profesión, Constituyente en la Comisión de desarrollo Social de la Asamblea Constituyente en Bolivia (2006-2007), y ahora operadora de proyectos en la Unidad de Despatriarcalización del Viceministerio de Descolonización del Ministerio de Culturas acá, en el Estado Plurinacional de Bolivia. Mañana les cuento.

Salud

 

 

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